Lo expresó el voluntario de Cholila Sergio Zúñiga, quien al dialogar con Radio 3 relató cómo decidió involucrarse pese a no tener experiencia previa.
Los incendios que afectan a Cholila y a la región cordillerana siguen dejando historias de angustia, pero también de enorme solidaridad. Uno de los testimonios más conmovedores es el de Sergio Zúñiga, vecino de la localidad, quien junto a su familia se sumó como voluntario desde el primer momento para colaborar con los brigadistas y bomberos que combaten el fuego desde hace más de un mes, e incluso más de dos en el Parque Nacional Los Alerces.
En diálogo con Radio 3, Zúñiga relató cómo decidió involucrarse pese a no tener experiencia previa: “No sé si soy el que más trabajó, pero desde lo poco que teníamos dijimos con mi familia que teníamos que hacer algo porque empezamos a ver que se nos quemaba todo. Pusimos lo poco que teníamos a disposición de la gente que estaba a cargo del operativo”. Con un tanque tipo tótem montado en su camioneta y una motobomba recién adquirida, salieron a abastecer de agua en los sectores más comprometidos.
El vecino describió escenas de extrema tensión cuando el fuego avanzó en Villa del Lago Rivadavia. “Llegó un momento en que estábamos solos, el fuego reventaba por todos lados, pasaba la calle y teníamos llamas de 20 metros. No sabíamos usar la bomba, no teníamos experiencia, y sentimos mucho miedo”, recordó. Con el correr de los minutos llegaron brigadistas y bomberos, y la tarea de la familia fue asistir con agua a los móviles que enfrentaban directamente las llamas.
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Uno de los momentos más duros, según contó, fue ver la impotencia de quienes combaten el fuego profesionalmente. “Lo que más causaba dolor era juntarnos con nuestros brigadistas y verlos llorar porque trabajaron todo el día y el viento les pasó la faja por arriba. Me tocó ver las llamas pasando por encima de ellos, de 50 o 60 metros. Humanamente era un monstruo imparable”, expresó conmovido.
Zúñiga destacó especialmente el acompañamiento de su esposa, Eliana Martínez, y de sus hijos, quienes aprendieron sobre la marcha a manipular la motobomba y colaborar en cada tarea. “Nunca nos imaginamos estar a dos metros del fuego con llamas de 20 metros. Mi familia es mi puntal, mi apoyo en todas estas locuras”, afirmó, subrayando el rol fundamental del núcleo familiar en medio de la catástrofe.
Finalmente, el voluntario hizo un reconocimiento público: “Hay que sacarse el sombrero con nuestros bomberos y brigadistas. Nos dejaron trabajar a la par de ellos y nos enseñaron. También a cada voluntario que cargó su pala, su rastrillo o su tanque para pelear con este monstruo”. En medio del desastre ambiental que golpea a la cordillera de Chubut, historias como la de Sergio reflejan el compromiso comunitario frente a una emergencia sin precedentes.


