Un informe difundido por Popular Science y elaborado por la organización internacional Fauna & Flora advierte que la supervivencia de diez especies críticas dependerá de acciones urgentes de conservación durante el próximo año.
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El año 2026 podría marcar un punto de inflexión para la biodiversidad global. Una reciente publicación de Popular Science dio a conocer una lista elaborada por la organización internacional Fauna & Flora que identifica a diez especies en peligro crítico cuya supervivencia dependerá de manera directa de las decisiones y políticas de conservación que se adopten en el corto plazo.
El informe sostiene que estas especies se encuentran en un umbral extremo, afectadas por la pérdida de hábitat, el tráfico ilegal, la sobreexplotación, el cambio climático y la expansión humana. Según explicó Kristian Teleki, director de Fauna & Flora, el objetivo de esta selección es visibilizar tanto la gravedad de las amenazas como las oportunidades reales de revertir algunos de estos procesos antes de 2030, fecha fijada como meta internacional para frenar la desaparición acelerada de flora y fauna.
Entre los casos más delicados figura la serpiente fer de lance de Santa Lucía, un reptil venenoso exclusivo de las Antillas Menores cuya población se reduce por la persecución directa y la degradación de su entorno. También aparece la anguila europea, cuya presencia cayó cerca de un 95% en regiones como el Reino Unido en los últimos veinticinco años, comprometiendo el equilibrio de ecosistemas acuáticos y actividades pesqueras tradicionales.
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La lista incluye además al pangolín de Temminck, el único de su tipo en África oriental y meridional, víctima constante del tráfico ilegal de carne y escamas. Fauna & Flora impulsa clínicas de emergencia en Mozambique para rescatar y rehabilitar ejemplares. En Asia, el gibón cao vit —considerado el segundo primate más raro del planeta— sobrevive con apenas unas decenas de individuos registrados, mientras que el leopardo nublado enfrenta la presión del comercio de mascotas y pieles.
Los ambientes marinos también muestran señales de alarma. La guitarra negra, una especie de raya presente en el Mediterráneo y el Atlántico oriental, sufre el impacto de la pesca incidental, lo que pone en evidencia la fragilidad de los ecosistemas oceánicos. A su vez, el halcón sacre continúa amenazado por la captura ilegal vinculada al comercio, que redujo su población mundial a menos de 30.000 ejemplares.
No todos los casos son de retroceso. La iguana de cola espinosa de Utila, restringida a manglares de una pequeña isla hondureña, evidencia signos de recuperación gracias a la protección de su hábitat, con un aumento estimado de miles de individuos en los últimos años. También se destacan esfuerzos para conservar la tarántula arcoíris india, afectada por la fragmentación territorial y el comercio exótico, y los tulipanes silvestres de Asia central, amenazados por el sobrepastoreo, la urbanización y el cambio climático.
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El informe subraya que las estrategias actuales incluyen restauración de hábitats, patrullas comunitarias, ampliación de áreas protegidas, reintroducciones controladas y campañas educativas. La actualización constante de datos científicos permite ajustar las intervenciones y orientar recursos hacia los puntos más críticos.
Con 2026 cada vez más cerca y a solo cuatro años del plazo fijado para revertir la pérdida de biodiversidad, Fauna & Flora advierte que no hay margen para la demora. “Cada planta y animal cumple una función esencial en la vida terrestre”, remarcó Teleki, al insistir en que la acción coordinada y urgente es clave para evitar la desaparición definitiva de especies únicas del planeta.
Fuente y foto: Infobae


