La doctora Vanina Botta, especialista en psiquiatría, analizó los recientes episodios de amenazas en instituciones educativas de Puerto Madryn, la provincia y el país, y planteó una serie de interrogantes sobre las causas y el contexto en el que surgen estos hechos.
En relación a las pintadas y mensajes que advierten sobre posibles tiroteos, la profesional señaló que “no todas las amenazas tienen una intención real de ser cumplida a cabo muchas de ellas pueden implicar o pueden mostrar cierto malestar puede ser un mensaje para los adultos”. Sin embargo, remarcó que “deben tomarse en serio”, especialmente teniendo en cuenta antecedentes recientes como el ocurrido en San Cristóbal, Santa Fe.
Botta sostuvo que no existe una única explicación para este tipo de conductas y que intervienen múltiples factores. Entre ellos, mencionó la influencia de las redes sociales y los entornos digitales, donde se conforman grupos que pueden fomentar situaciones de violencia. “La pregunta es qué le pasa a un adolescente para sentirse parte de un grupo que fomenta situaciones de violencia”, reflexionó.
Asimismo, advirtió sobre un posible “efecto contagio” o viralización de estas conductas, especialmente a través de plataformas como TikTok y juegos en línea. No obstante, puso el foco también en el rol de los adultos: “¿Qué nos pasa que no estamos pudiendo ver a los adolescentes, que no leemos las señales que están enviando?”, cuestionó.
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La especialista subrayó que muchos jóvenes atraviesan situaciones de soledad, a pesar de estar hiperconectados, además de presiones sociales y estéticas. A esto se suma, indicó, un contexto social “hostil” donde la violencia se encuentra naturalizada. “Hay crisis económica, financiera, social, salarial, hay crisis en el interior de la familia y esto se manifiesta a través de un montón de estas conductas”, explicó.
En este sentido, remarcó que la escuela no puede abordar el problema de manera aislada, ya que se trata de una problemática social más amplia. También destacó la importancia de comprender el desarrollo del cerebro adolescente, que aún se encuentra en proceso de maduración, especialmente en áreas vinculadas a la regulación emocional y la toma de decisiones.
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Botta agregó que la necesidad de pertenencia a un grupo es clave en esta etapa, y que datos recientes indican que un alto porcentaje de adolescentes en Argentina ha experimentado situaciones de exclusión o discriminación, lo que puede influir en conductas agresivas o disruptivas.
Por último, la profesional destacó una “contracara positiva” del fenómeno: “Existe un grupo mucho más amplio de adolescentes comprometidos, dispuestos a ayudar, a frenar la violencia”. En ese sentido, llamó a evitar la estigmatización y a escuchar activamente a los jóvenes, cuyas voces son fundamentales para generar cambios.


