En los lagos congelados del norte de Europa y Asia, donde el oxígeno se agota bajo el hielo durante semanas, la mayoría de los peces muere rápidamente. Sin embargo, la carpa cruciana (Carassius carassius) desafía esta regla biológica y sobrevive durante meses en condiciones que resultarían letales para otros vertebrados.
La clave de esta supervivencia radica en su metabolismo: en lugar de acumular ácido láctico, que en otros animales provoca acidosis y falla orgánica, la carpa cruciana convierte el lactato en etanol y lo expulsa por las branquias. Este mecanismo, documentado por primera vez en 1980, permite que el pez evite la toxicidad celular mientras mantiene sus funciones vitales.
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Además, el animal reduce drásticamente su actividad metabólica. Su ritmo cardíaco disminuye, los movimientos se limitan al mínimo y los procesos celulares no esenciales se suspenden, logrando que la tasa metabólica caiga a menos del 10% de lo normal. Esta depresión extrema del metabolismo garantiza que el ATP generado por vías anaeróbicas cubra solo las funciones básicas durante largos periodos sin oxígeno.
Los experimentos muestran que a bajas temperaturas, la carpa cruciana puede sobrevivir más de cuatro meses bajo el hielo. La duración de esta resistencia depende de la temperatura del agua, el tamaño del cuerpo y las reservas energéticas del pez, pero ningún otro vertebrado registrado alcanza este nivel de tolerancia.
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Esta adaptación convierte a la carpa cruciana en un modelo único para la ciencia. Su estudio permite comprender cómo los vertebrados pueden resistir la privación de oxígeno, con aplicaciones potenciales en medicina humana, prevención de daños por accidentes cerebrovasculares y preservación de órganos. Su habilidad para sobrevivir en condiciones extremas sigue asombrando a biólogos y fisiólogos alrededor del mundo.
Fuente: Infobae.


