Un estudio de la Universidad Estatal de Pensilvania y la NASA reveló que las transmisiones humanas hacia el espacio profundo siguen patrones predecibles, lo que abre una nueva estrategia en la búsqueda de inteligencia extraterrestre.
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La pregunta sobre si estamos solos en el universo dejó de ser únicamente un tema de ciencia ficción para convertirse en un desafío científico de gran envergadura. Durante décadas, los proyectos SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence) han explorado el cosmos en busca de “tecnomarcadores”, es decir, huellas tecnológicas como señales de radio o pulsos láser que delaten la existencia de otra civilización.
Un equipo de investigadores de la Universidad Estatal de Pensilvania, en colaboración con el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, decidió mirar hacia adentro antes que hacia afuera. En lugar de imaginar cómo se comunicarían los extraterrestres, analizaron cómo lo hacemos los humanos. La clave estuvo en estudiar 20 años de registros de la Red Espacial Profunda (DSN), el sistema de antenas que enlaza a la Tierra con sondas interplanetarias y naves en misión.
El hallazgo sorprendió a la comunidad científica: el 79 % de nuestras transmisiones espaciales ocurre dentro de un margen de apenas 5 grados del plano orbital terrestre, lo que significa que seguimos rutas muy predecibles en nuestras comunicaciones. Marte se lleva la mayor parte del protagonismo, especialmente durante las alineaciones con la Tierra, cuando la probabilidad de interceptar nuestras señales alcanza hasta el 77 %.
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Este patrón ofrece un cambio de paradigma para los programas SETI: en lugar de rastrear el cielo de manera aleatoria, podría resultar más eficaz concentrarse en exoplanetas que transiten frente a su estrella o que se ubiquen en planos orbitales alineados. Dentro de un radio de 23 años luz —la distancia máxima a la que nuestras transmisiones podrían detectarse con la tecnología actual— existen 128 sistemas estelares potenciales.
El futuro de esta estrategia se expande con el próximo lanzamiento del telescopio espacial Nancy Grace Roman, que podría multiplicar los objetivos de observación. Aunque no se descarta que otras civilizaciones utilicen láseres u otros métodos de comunicación, nuestras emisiones de radio siguen siendo hoy las huellas más claras de nuestra presencia tecnológica.
Según Jason Wright, director del Centro de Inteligencia Extraterrestre de Penn State, “estamos en la fase inicial de nuestro viaje espacial y nuestras transmisiones no harán más que intensificarse”. Con esta hoja de ruta, la humanidad cuenta con una nueva guía científica para agudizar la búsqueda de vida más allá de la Tierra.
Fuente: DW
Foto: Archivo


