En la actualidad, contamos con diversas herramientas y metodologías para preservar el vino en condiciones óptimas, evitando alteraciones que puedan afectar su color, sabor y aroma. Sin embargo, ¿cómo lograban conservar el vino hace miles de años, cuando no existían los avances tecnológicos actuales?
El reconocido enólogo y comunicador Pablo Ponce, en el sitio web The Big Wine Theory, nos revela cómo los primeros viticultores encontraron soluciones ingeniosas para mantener el vino en condiciones adecuadas sin contar con los accesorios modernos.
Uno de los principales desafíos era controlar la fermentación alcohólica, un proceso que genera calor y que requería una manipulación cuidadosa.
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La solución ingeniosa que encontraron fue enterrar vasijas de barro cocido llamadas «dolium». Estas vasijas se utilizaban para fermentar la uva y luego se tapaban herméticamente. Al ser enterradas bajo tierra, se aprovechaba la frescura y oscuridad natural del subsuelo.
En estas condiciones, la temperatura descendía considerablemente, creando un entorno ideal tanto para la fermentación del vino como para su posterior conservación.

El control de la temperatura, la humedad y la exposición a la luz son los pilares fundamentales en la conservación del vino en la actualidad. Sin embargo, nuestros antepasados viticultores descubrieron que enterrando las vasijas de barro, podían aprovechar los beneficios naturales del suelo para lograr un entorno propicio para el vino.
Esta práctica ancestral demuestra la creatividad y el conocimiento profundo que tenían sobre el proceso de vinificación.
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Aunque hoy en día contamos con tecnología avanzada y bodegas equipadas con sistemas de climatización, es fascinante descubrir cómo los primeros viticultores encontraron soluciones simples y efectivas para conservar el vino hace miles de años.
Estos métodos tradicionales siguen siendo parte del legado vitivinícola y nos invitan a apreciar la evolución de esta antigua tradición.
Fuente: The Big Wine Theory


