La elección de la especie, la preparación del pozo y los cuidados posteriores son claves para garantizar el crecimiento saludable del árbol y prevenir daños en la vereda.
Plantar un árbol en la vereda requiere algo más que colocar una planta en la tierra. Antes de comenzar, es importante definir la especie, la cantidad de ejemplares y el lugar donde serán ubicados, ya que una planificación adecuada permite favorecer su desarrollo y evitar inconvenientes con el paso del tiempo.
El pozo de plantación debe tener unos 60 centímetros de profundidad. Antes de colocar el árbol, se recomienda instalar un tutor y cubrir las paredes del pozo con nylon o polietileno para orientar el crecimiento de las raíces hacia abajo. También se puede colocar un tubo plástico perforado que llegue hasta la superficie para facilitar posteriormente el riego y la fertilización en profundidad.
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Una vez realizada la plantación, es importante proteger la base del tronco. Para ello se puede colocar un elemento conocido como “salvavida”, fabricado con plástico o goma, que ayuda a evitar daños en la corteza provocados por máquinas bordeadoras o animales.
El mantenimiento durante los primeros meses también resulta fundamental. Cuando no se registren lluvias, se recomienda realizar riegos semanales de unos 20 litros, además de mantener limpia de malezas la cazuela que rodea al árbol y remover suavemente el suelo alrededor del tronco para favorecer la aireación y la infiltración del agua.
Por último, es necesario controlar periódicamente el estado de la planta para detectar la presencia de hormigas u otras plagas. Con una plantación correcta y cuidados regulares, el árbol podrá desarrollarse de manera adecuada y contribuir al arbolado de la vía pública sin generar problemas a futuro.
Con información de INTA.


