Imagen: Vladimir Zapletin
La idea de congelar un cerebro para revivirlo en el futuro todavía pertenece al terreno de la ciencia extrema, pero un nuevo estudio volvió a poner el tema en discusión dentro del ámbito médico. Una encuesta realizada a profesionales de Estados Unidos reveló que uno de cada cuatro médicos considera plausible que, bajo condiciones ideales, un cerebro preservado correctamente pueda ser restaurado en algún momento de la historia.
El debate se reactivó luego de que, en marzo de 2026, investigadores alemanes publicaran en la revista PNAS un trabajo sobre la crioconservación de un cerebro de ratón y su posterior descongelamiento, con algunas funciones conservadas. Aunque se trata de un avance pequeño y todavía muy lejos de una aplicación humana, fue interpretado como una señal de que la biostasis cerebral empieza a ganar espacio en la investigación científica.
La posibilidad de “frenar la muerte” continúa siendo especulativa. Sin embargo, distintos equipos trabajan en protocolos para vitrificar tejidos, descongelar órganos sin dañarlos y conservar estructuras cerebrales a niveles muy precisos. El objetivo, por ahora hipotético, sería preservar la información que sostiene la memoria, la identidad y la conciencia de una persona.
Una encuesta publicada en PLOS ONE buscó medir qué piensan los médicos sobre este escenario. Investigadores de Monash University, la European Biostasis Foundation y Apex Neuroscience consultaron a 334 médicos estadounidenses sobre la posibilidad de preservar un cerebro humano después de la muerte con la esperanza de una futura revivificación.
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El planteo fue muy específico: un paciente muere, su cerebro es preservado en cuestión de minutos y, al ser examinado, mantiene estructuras intactas hasta el nivel sináptico. Bajo esas condiciones ideales, los médicos debían estimar qué tan probable era que la información psicológica esencial siguiera presente.
La mediana de probabilidad asignada por los profesionales fue de 25,5%. Además, uno de cada cuatro consideró que alguna forma de restauración futura resulta entre plausible y muy plausible. Entre los especialistas consultados, los neurólogos fueron quienes vieron esta posibilidad como más factible, aunque más de la mitad de los encuestados la consideró poco probable.
Parte de esa discusión se apoya en una idea central: la información que define a una persona no desaparece de inmediato cuando el corazón deja de latir. Durante algunos minutos, y potencialmente por más tiempo si el tejido se preserva de forma adecuada, la estructura cerebral puede mantenerse. Si la memoria y la identidad dependen de patrones materiales en redes neuronales, el desafío sería evitar que esos patrones se destruyan.
La encuesta también mostró que quienes ven plausible esta posibilidad tienden a apoyar intervenciones clínicas destinadas a mejorar la calidad de la preservación. Por ejemplo, siete de cada diez médicos consideraron aceptable administrar anticoagulantes antes de la muerte para evitar coágulos que puedan comprometer el proceso.
El estudio no sostiene que revivir un cerebro humano sea posible en la actualidad. Pero sí marca un cambio de tono: dentro de una parte de la medicina, la idea ya no aparece únicamente como ciencia ficción, sino como una hipótesis remota que empieza a ser discutida con herramientas científicas, éticas y clínicas.
Con información de Wired


