El arroz, uno de los cereales más consumidos en el mundo, está en el centro de un debate que divide tradiciones y evidencia científica: ¿debe lavarse antes de cocinarlo? La práctica, arraigada en países de Asia y América Latina, busca limpiar impurezas y mejorar la textura del grano, pero especialistas señalan que un enjuague excesivo podría reducir su valor nutricional.
Investigadores del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile aseguran que lavar el arroz contribuye a eliminar restos de polvo, pesticidas y almidón superficial, evitando que quede pegajoso. Además, organismos como la FAO y la OMS recomiendan este paso para reducir la presencia de contaminantes como el arsénico, presente en pequeñas cantidades en el cereal.
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Sin embargo, un lavado repetido y vigoroso puede arrastrar vitaminas del grupo B y minerales solubles en agua. Por ello, expertos sugieren enjuagues cortos y delicados, suficientes para mejorar la higiene y textura sin comprometer el valor nutritivo. También advierten que remojar el arroz por tiempo prolongado puede favorecer una mayor pérdida de micronutrientes.
La cocción cumple un rol central en la conservación de nutrientes. Cocinar con la proporción justa de agua —dos tazas por cada taza de arroz— permite retener vitaminas y minerales. Incluso, estudios citados por la Harvard Medical School destacan que añadir unas gotas de vinagre al agua puede mejorar la digestibilidad y alargar la conservación del arroz cocido.
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Por último, los especialistas recomiendan priorizar variedades integrales, como el arroz integral, negro o rojo, que aportan más fibra, antioxidantes y ayudan a regular la glucosa. En cambio, el arroz blanco, más popular y versátil, pierde buena parte de sus nutrientes durante el refinado. En síntesis, enjuagar el arroz bajo agua fría y elegir variedades menos procesadas son medidas respaldadas por la ciencia para obtener un alimento más seguro y nutritivo.
Fuente: Infobae.
Imagen: La Nación.


