Cada 4 de agosto, el mundo celebra el Día Internacional del Búho, una efeméride que busca derribar mitos oscuros y resaltar el valor ecológico y cultural de estas aves.
Lechuzas y búhos, figuras muchas veces envueltas en supersticiones, se reivindican como guardianes del equilibrio natural y símbolos milenarios de inteligencia. Con más de 250 especies distribuidas globalmente, estos depredadores nocturnos cumplen una función clave en los ecosistemas.
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Los búhos regulan poblaciones de roedores, conejos y otras especies, lo que los convierte en actores esenciales para la biodiversidad. Su antigüedad biológica impresiona: existen fósiles de estas aves que datan del Paleoceno, hace más de 65 millones de años. Pero más allá de su rol ambiental, su figura ha evolucionado a lo largo del tiempo: si en la Edad Media eran vistos como presagios de muerte, en la Grecia clásica fueron elevados a íconos de la sabiduría.
En la mitología griega, el búho acompañaba a Atenea, diosa de la sabiduría y la estrategia. Esta relación no fue casual: la cultura helénica proyectó en el ave sus ideales de previsión e inteligencia. El mochuelo europeo (Athene noctua) era común en templos y monedas, consolidando su imagen como aliado de la razón. Para los griegos, su mirada penetrante y actividad nocturna simbolizaban una vigilancia que iba más allá de lo humano.
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La asociación entre Atenea y el búho perdura en el imaginario moderno como una metáfora del pensamiento crítico. En un mundo cada vez más incierto, el mensaje de esta efeméride cobra nuevo sentido: proteger a los búhos es también cuidar el conocimiento y el equilibrio del entorno. Por eso, organizaciones ambientalistas aprovechan la fecha para difundir programas de conservación y educación ambiental.
Fuente: Infobae.
Foto: Muy Interesante.


