Cada 16 de febrero se celebra a una de las variedades tintas más expresivas del mundo, con más de 10.400 hectáreas plantadas en el país.
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Cada 16 de febrero se celebra el Día Mundial del Syrah, una de las variedades tintas más prestigiosas del mundo y que en la Argentina supo construir una identidad propia. Aunque durante años se creyó que su origen estaba en Persia, estudios genéticos realizados en 1999 confirmaron que la cepa nació en el sureste de Francia, en el Valle del Ródano, como resultado del cruce natural entre Dureza y Mondeuse Blanche.
En la actualidad, el Syrah ocupa alrededor de 10.400 hectáreas en la Argentina, lo que representa poco más del 5 % de la superficie total cultivada con vid, según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV). Mendoza concentra el 73,9 % de esa superficie y San Juan el 18,5 %, consolidándose como las principales provincias productoras.
El Syrah es valorado por su vigor en el viñedo, su resistencia y sus racimos compactos de piel gruesa, que dan lugar a vinos intensos en color y con buena estructura tánica. En zonas de altura como el Valle de Uco, en Mendoza, la combinación de radiación intensa, amplitud térmica y clima seco permite alcanzar madurez fenólica sin perder frescura natural.
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En tanto, en el Valle de Pedernal, en San Juan, a más de 1.400 metros sobre el nivel del mar y con suelos calcáreos, el Syrah adquiere un perfil más filoso y mineral, con notas especiadas y mentoladas que lo acercan al estilo del norte del Ródano.
La presidenta de Bodega Del Fin Del Mundo, Juliana Del Aguila Eurnekian, destacó que se trata de una variedad que “encuentra su propia forma de mostrar el terroir” en cada región, tanto en la Patagonia como en otros países donde elaboran vinos.
El punto de cosecha es determinante en el perfil final. Cuando se busca mayor madurez, aparecen notas de frutos rojos, cuero y especias. En cosechas más tempranas, emergen características herbales asociadas a las piracinas.
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En climas frescos predominan descriptores como zarzamora, violeta y pimienta negra, con taninos firmes y acidez marcada. En regiones más cálidas, en cambio, el vino desarrolla mayor volumen, fruta negra madura, tierra y regaliz.
En comparación con los Syrah del Valle del Ródano, los argentinos suelen mostrar un carácter más fresco y vertical, con taninos más filosos y una expresión mineral que responde a la altura y al clima seco. Esa diversidad también se refleja en proyectos como Alma Mater, donde se elaboran versiones con potencial de guarda de entre 8 y 15 años.
Tras un auge en los años 2000, el Syrah perdió protagonismo frente al Malbec, pero hoy atraviesa una etapa de revalorización cualitativa. No se trata de una variedad masiva, pero sí de una cepa con fuerte potencial enológico, tanto en vinos de alta gama como en cortes clásicos como el GSM (Garnacha, Syrah y Mourvèdre).
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Por su estructura y notas especiadas, el Syrah argentino es ideal para carnes rojas, cordero patagónico, ojo de bife con pimienta, platos con comino o romero, y quesos semiduros o estacionados como pecorino o sardo.
En su día internacional, el Syrah confirma que, sin buscar protagonismo absoluto, se consolidó como una de las variedades más interesantes de la vitivinicultura argentina, capaz de expresar con precisión el clima, la altura y el suelo de cada región.
Fuente y foto: TN


