Una investigación publicada en la revista Perspectives on Psychological Science comprobó que, en las últimas dos décadas, las personas de culturas occidentales redujeron notablemente la cantidad de palabras que pronuncian a diario, y que el fenómeno es aún más marcado entre los más jóvenes.
Un estudio realizado por los investigadores Valeria Pfeifer y Matthias Mehl, de la Universidad de Arizona, reveló que las personas hablan cada año menos que antes. El trabajo, que analizó durante 17 años los hábitos de conversación de cerca de 2.000 participantes de países como Estados Unidos, México, Australia y varias naciones europeas, detectó una caída sostenida en el uso de la palabra hablada.
Según los resultados, en promedio cada persona dejó de pronunciar más de 300 palabras por día, lo que equivale a casi 110.000 palabras menos por año, una cifra comparable al texto de una novela corta. El hallazgo sorprendió a los propios autores: la investigación había comenzado como una actualización de un estudio de 2007 sobre diferencias de género en el habla, con una muestra cuatro veces mayor a la original.
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Uno de los datos más llamativos del trabajo es la brecha generacional. Al dividir la muestra entre menores y mayores de 25 años, los científicos comprobaron que los más jóvenes perdieron en promedio 451 palabras diarias, frente a las 314 de los participantes de mayor edad. Para Mehl, esto sugiere que los dispositivos digitales tienen un rol central en el fenómeno, aunque el estudio no midió directamente sus causas.
El investigador explicó que buena parte de lo perdido no son las grandes conversaciones, sino los intercambios breves con lo que los especialistas llaman «vínculos débiles»: vecinos, comerciantes o desconocidos con los que antes se cruzaban unas palabras y que hoy quedan reemplazados por auriculares, pagos con celular o aplicaciones de mapas.
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«Creo que lo que también estamos perdiendo son esos micromomentos de pertenencia que teníamos con esas conversaciones espontáneas», señaló Mehl en diálogo con la corresponsal de la BBC Katty Kay, al describir cómo estos breves cruces cotidianos generan una sensación de reconocimiento y de formar parte de una comunidad.
Los datos del estudio se detienen en 2019, previo a la pandemia de covid-19, pero Mehl consideró poco probable que la tendencia se haya revertido desde entonces. Por el contrario, sostuvo que el aislamiento social propio de la emergencia sanitaria y la posterior consolidación del trabajo remoto probablemente profundizaron la pérdida de interacciones cara a cara.
Como posible antídoto frente a lo que definió como una «epidemia de soledad», el investigador propuso una solución simple: animarse a hablar con desconocidos y aprovechar las pequeñas oportunidades cotidianas de conversación, una estrategia que, según explicó, también podría ayudar a mitigar la creciente polarización social.
Con información de BBC.


