En la madrugada del 13 de agosto de 1961, miles de policías, guardias de fronteras, soldados y trabajadores movilizados formaron un cordón alrededor de Berlín Occidental y levantaron alambradas y barricadas temporales en lo que fue bautizado como la «Operación Rosa». Así comenzó la construcción del Muro de Berlín, que dividiría a la capital alemana durante 28 años y se convertiría en la representación física del Telón de Acero entre el bloque soviético y Occidente.
La causa inmediata fue la sangría de emigrantes hacia el oeste: la RDA había perdido aproximadamente 3 millones de personas desde su fundación en 1949, y solo en julio de 1961 habían huido unas 30.000 a través de los pasos berlineses. El líder soviético Nikita Jruschov, que inicialmente veía el levantamiento de un muro como una derrota simbólica, terminó dando su visto bueno. Apenas dos meses antes, el presidente del Consejo de Estado de la RDA, Walter Ulbricht, había declarado públicamente: «Nadie tiene la intención de construir un muro».
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El muro recorría 155 kilómetros —43 que dividían la ciudad y 112 que rodeaban Berlín Occidental— y estaba jalonado por 280 torretas de vigilancia. La justificación oficial era que se trataba de una barrera defensiva contra el capitalismo; públicamente se lo denominaba «la muralla de protección antifascista». Durante su existencia se cobró unas 140 víctimas mortales, entre ellas Ida Siekmann y Günter Litfin, las primeras en morir al intentar huir al oeste apenas días después de su construcción.
A 65 años de aquel comienzo, Berlín conmemoró la fecha con actos en la Puerta de Brandeburgo y el Memorial del Muro. El canciller alemán Friedrich Merz escribió en X: «La lección del Muro es que no hay que dar la libertad y la democracia por dadas, sino luchar por ellas una y otra vez».
Con información de DW.


