Un equipo del Museo de Naturaleza y Ciencia de Denver encontró una vértebra de dinosaurio a 230 metros de profundidad durante una perforación para instalar energía geotérmica. El descubrimiento, inusual por su contexto urbano, generó sorpresa y curiosidad entre expertos.
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El Museo de Naturaleza y Ciencia de Denver, en Colorado (Estados Unidos), reconocido por su vasta colección de fósiles, sumó un nuevo e inesperado ejemplar a su acervo: una vértebra de dinosaurio hallada bajo su propio estacionamiento. El hallazgo ocurrió durante una perforación a 230 metros de profundidad, parte de un estudio de viabilidad para instalar calefacción geotérmica en el edificio.
Aunque el fósil mide solo cinco centímetros, los paleontólogos del museo celebraron el descubrimiento como un hecho extraordinario por su contexto. “Es como ganar la lotería y que te caiga un rayo el mismo día”, dijo James Hagadorn, conservador de geología del museo. “Es increíble, es superraro”.
La vértebra corresponde, según los expertos, a un pequeño dinosaurio herbívoro que vivió hace unos 67,5 millones de años, hacia el final del período Cretácico. Junto al hueso, también se encontraron restos de vegetación fosilizada, lo que sugiere que el animal vivió en un entorno pantanoso con abundante flora.
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“Este es el fósil más profundo y antiguo jamás hallado en la ciudad de Denver”, aseguró Patrick O’Connor, conservador de paleontología de vertebrados del museo. Si bien el descubrimiento no cambia el panorama científico en sí mismo, aporta un valor educativo y cultural significativo.
No todos los expertos consideran el hallazgo impactante desde el punto de vista académico. “Científicamente, no es tan emocionante. Una sola vértebra muy fragmentaria no ayuda mucho a determinar la especie”, opinó Thomas Williamson, del Museo de Historia Natural de Nuevo México. Sin embargo, reconoció que “las posibilidades de encontrar fósiles de dinosaurios en rocas profundas y urbanas son mínimas”.
Por su parte, Erin LaCount, especialista del sitio paleontológico Dinosaur Ridge, afirmó que el fósil podría pertenecer a un dinosaurio pico de pato o a un tescelosaurio, ambos herbívoros comunes del Cretácico tardío.
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A pesar del entusiasmo generado, el museo no tiene planes de excavar más profundamente en busca del resto del esqueleto. “Me encantaría hacer un agujero de 233 metros en el estacionamiento para encontrar más, pero realmente necesitamos el estacionamiento”, bromeó Hagadorn.
El fósil, ya restaurado, se encuentra expuesto en el Museo de Denver, donde suma una historia inesperada a sus pasillos dedicados a los gigantes del pasado.
Fuente y foto: DW


