Un equipo de investigadores de la Universidad de Buenos Aires (UBA) trabaja en una herramienta innovadora que podría revolucionar la detección del maltrato infantil. Se trata de un test de saliva capaz de identificar señales biológicas en el ADN de los niños que hayan atravesado situaciones de violencia. El objetivo es lograr una detección temprana basada en evidencia científica, útil tanto para tratamientos como para procesos judiciales.
El estudio, encabezado por el doctor Eduardo Cánepa del Instituto de Química Biológica de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, se basa en el análisis de biomarcadores genéticos. El equipo busca identificar cambios epigenéticos —modificaciones químicas que alteran la expresión de los genes sin modificar su estructura— en muestras de saliva de niños que fueron víctimas de maltrato. La investigación se desarrolla en colaboración con la Unidad de Violencia Familiar del Hospital de Niños Pedro de Elizalde.
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Las muestras ya fueron recolectadas en pacientes con sospechas de haber sufrido abuso, y se compararán con un grupo control. Aunque el número de casos es limitado (alrededor de 40), representa el primer paso de una investigación que podría extenderse durante años. “Nuestro propósito es detectar huellas moleculares del trauma, incluso antes de que los daños sean visibles en lo físico o psicológico”, afirma Cánepa.
Este método no solo busca confirmar científicamente situaciones de violencia, sino también pronosticar sus efectos y evaluar la respuesta a intervenciones terapéuticas. Sin embargo, el avance enfrenta obstáculos: los estudios epigenéticos son costosos y deben realizarse en el exterior, y la autorización para obtener saliva de menores requiere consentimiento parental, lo cual es complejo si los abusadores forman parte del entorno familiar.
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Paralelamente, otro enfoque tecnológico aporta a la causa. Investigadoras de la Universidad de San Andrés desarrollaron un modelo predictivo con inteligencia artificial capaz de identificar patrones de violencia infantil en base a encuestas nacionales. Ambas líneas de trabajo muestran que la ciencia argentina está apostando fuerte a enfrentar una de las violencias más invisibles y crueles: aquella que ocurre dentro del propio hogar.
Fuente: La Nación.


