Las autoridades iraníes admiten pérdidas humanas sin dar cifras oficiales y atribuyen la violencia a “infiltraciones externas”, en medio de un conflicto socio-político que sigue dejando miles de heridos y víctimas.
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Las autoridades iraníes reconocieron este martes que aún no cuentan con un recuento oficial de víctimas mortales derivadas de las protestas que han sacudido al país en las últimas semanas, aunque admitieron que «ha habido muchos muertos», según declaraciones de fuentes gubernamentales en Teherán bajo condición de anonimato.
«No tenemos un número de muertos aún», indicaron desde el Gobierno iraní, explicando que la identificación de cadáveres sigue en proceso y que esa dificultad retrasa cualquier estimación precisa. Sin embargo, el silencio oficial contrasta con las cifras difundidas por organizaciones internacionales de derechos humanos.
La ONG Iran Human Rights (IHRNGO) elevó este martes a al menos 3.428 el número de manifestantes muertos durante los 18 días de protestas antigubernamentales, en las que además «miles» de personas resultaron heridas por la represión de las fuerzas estatales, según el informe publicado.
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Mientras tanto, Irán sí ha contabilizado la muerte de al menos 150 miembros de las fuerzas de seguridad, de los cuales 100 fueron enterrados en un funeral de Estado en Teherán. Ese acto se convirtió en un multitudinario homenaje oficial considerado como muestra de apoyo al Gobierno, que enfrenta uno de los mayores desafíos sociales de los últimos años.
Las autoridades iraníes sostienen que las protestas comenzaron como reclamos económicos y sociales, y que se mantuvieron pacíficas en medio de esfuerzos de diálogo hasta el 8 de enero. A partir de esa fecha, según el relato oficial, los disturbios se intensificaron por la infiltración de agentes externos interesados en desestabilizar al país.
En su versión, el régimen atribuye esas infiltraciones a Israel y Estados Unidos, a los que acusa de intentar generar violencia con el objetivo de justificar una intervención extranjera similar a la que tuvo lugar en 1953, cuando la CIA participó en el derrocamiento del primer ministro Mohamad Mosaddeq y facilitó el regreso del shah Mohamed Reza Pahlavi al poder.
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Las autoridades iraníes también aseguraron que miles de armas fueron distribuidas entre grupos infiltrados para atacar tanto a las fuerzas de seguridad como a manifestantes y estructuras institucionales. Además, calificaron los hechos ocurridos el 8 de enero como un “día trece” en lo que denominaron una extensión de la guerra de doce días con Israel registrada en junio del año pasado.
El Ejecutivo persiste en afirmar que la supuesta intención de esas acciones era provocar muertes entre civiles para crear un escenario que, según sostienen, serviría de pretexto al entonces presidente estadounidense Donald Trump para lanzar un ataque militar contra Irán. En este contexto, altos mandos de las Fuerzas Armadas iraníes han declarado reiteradamente que “la República Islámica está preparada para cualquier escenario”.
La falta de cifras oficiales contrastadas y las acusaciones cruzadas ponen de relieve la complejidad de medir el verdadero impacto humano y político de la ola de protestas que continúa generando tensión dentro y fuera de Irán.
Fuente: EFE
Foto: Archivo


