El país enfrenta su peor sequía en medio siglo y la escasez golpea a Teherán y otras grandes ciudades. El gobierno ordenó cierres masivos y advierte que los embalses podrían secarse en semanas.
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La crisis del agua en Irán ha escalado a niveles dramáticos. Las principales represas del país están casi vacías, el agua no llega a los pisos altos de los edificios, y millones de personas enfrentan jornadas enteras sin acceso al suministro básico. En Teherán, donde viven más de 10 millones de personas, la situación es especialmente grave: el gobierno admitió que los embalses que abastecen a la capital podrían agotarse en cuestión de semanas.
Las temperaturas extremas no dan tregua. En algunas regiones del sur, el índice de calor alcanzó los 65 grados Celsius, mientras las personas acumulan tanques, bidones y botellas para racionar el agua. El propio presidente Masoud Pezeshkian advirtió que la crisis es más profunda de lo que se ha reconocido públicamente, y que se requieren decisiones urgentes para evitar un colapso total.
A esta emergencia se suma una prolongada crisis energética que desde diciembre ha obligado al gobierno a aplicar cortes de luz programados. Escuelas, oficinas públicas e industrias operan en horarios restringidos o directamente cierran. La última medida fue el cierre completo de oficinas en Teherán y otras 20 ciudades, convirtiendo los miércoles en feriados extraordinarios para reducir el consumo.
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La presión del agua ha caído tanto que en muchos edificios no supera el segundo piso. En barrios acomodados como Elahiyeh, los residentes dependen de camiones cisterna, que en ocasiones distribuyen agua de mar contaminada. Las imágenes de grifos secos y personas cocinando con agua almacenada en botellas ya son parte de la rutina cotidiana.
Expertos señalan que la crisis actual es consecuencia de décadas de mala gestión hídrica: desvíos de agua para industrias pesadas como la siderurgia, urbanización descontrolada, represas sin planificación y sobreexplotación de acuíferos. Todo esto agravado por cinco años consecutivos de sequía severa.
El Ministerio de Energía de Irán informó que las precipitaciones han disminuido más de un 40 % en el último lustro, convirtiendo a esta sequía en la peor en medio siglo. En las represas que abastecen a Teherán, el nivel de reservas es de apenas el 14 %.
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El impacto se extiende al medio ambiente y la economía: los humedales están secos, el suelo colapsa por el hundimiento de acuíferos, y la actividad industrial se ve limitada por la falta de energía. En algunas zonas de la capital, el terreno desciende más de 30 centímetros por año.
Las protestas no tardaron en aparecer. En ciudades como Sabzevar, ciudadanos salieron a las calles a reclamar su derecho al agua y la electricidad. “El agua, la electricidad, la vida es nuestro derecho fundamental”, gritaron frente a edificios gubernamentales, en imágenes difundidas por la BBC en persa.
“La desigualdad se profundiza en esta crisis”, advirtió Kaveh Madani, director del Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas. “Los ricos podrán pagar tanques y camiones, los pobres sufrirán lo peor”.
Mientras tanto, la población enfrenta una realidad cada vez más desoladora: vivir sin agua ni luz, bajo un sol abrasador, sin certeza sobre cuándo volverán los servicios esenciales.
Fuente y foto: Infobae


