Un estudio de la Universidad de Cornell descubrió que la velocidad y el filo del cuchillo son claves para reducir la irritación ocular.
Cortar cebollas sin llorar parece imposible, pero la ciencia acaba de ofrecer una solución práctica. Investigadores de la Universidad de Cornell lograron determinar cómo se liberan las partículas que irritan los ojos y provocan las lágrimas, identificando la forma correcta de rebanar la hortaliza para evitar ese efecto.
El estudio, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), analizó con precisión milimétrica qué sucede cuando el cuchillo atraviesa las capas de la cebolla. Según los expertos, el llanto se debe a compuestos enzimáticos de azufre que, al contacto con el aire, se transforman en sulfóxido de tiopropanal, la sustancia responsable del ardor ocular.
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El equipo, liderado por Sunghwan Jung, profesor de Ingeniería Biológica y Ambiental, descubrió que la cebolla libera los fluidos irritantes en dos etapas. Primero, una capa de vapor escapa a gran velocidad al romperse la presión interna. Luego, una segunda fase genera microgotas en forma de aerosol, que transportan los compuestos hacia el aire y pueden desplazarse hasta 40 metros por segundo.
“Descubrimos que la velocidad a la que sale la niebla es mucho mayor que la velocidad de la cuchilla”, explicó Jung. Al comparar el fenómeno con la técnica de cocineros profesionales, observaron que la mayoría corta a solo 1 metro por segundo, mientras las partículas se dispersan con una energía mucho mayor.
Los investigadores concluyeron que la mejor forma de reducir el llanto al cortar cebollas es usar cuchillos bien afilados y cortar lentamente. Hacerlo rápido o con una hoja sin filo incrementa la cantidad de gotas irritantes y su potencia al ser expulsadas.
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Además, el estudio planteó una observación inesperada: las cebollas podrían actuar como vehículos de transmisión de microorganismos. Jung advirtió que, si hubiera patógenos en la superficie, “al cortarla, podrían encapsularse en gotitas y propagarse”. Las microgotas expulsadas alcanzan velocidades incluso mayores que las de una tos humana, que ronda los 20 metros por segundo.
Con estos hallazgos, la ciencia no solo explica por qué lloramos al picar cebollas, sino que también ofrece una solución eficaz: movimientos lentos, cuchillos afilados y buena ventilación.
Fuente: WIRED.
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