La firma Cortical Labs logró que una red de células vivas interactúe con el clásico videojuego, marcando un hito en el aprendizaje adaptativo.
La empresa australiana Cortical Labs ha vuelto a sacudir los cimientos de la tecnología al anunciar que su plataforma de computación biológica, la CL1, ha superado el reto de jugar al icónico videojuego Doom. Tras el éxito inicial con el sencillo Pong, los investigadores escalaron la complejidad hacia un entorno de «caos» en tres dimensiones, donde neuronas humanas vivas procesan información y aprenden a sobrevivir a los ataques enemigos en tiempo real.
A diferencia de los procesadores convencionales de silicio, el sistema CL1 utiliza una red de más de 200.000 neuronas integradas en chips. Según Brett Kagan, director científico de la compañía, estas células no «ven» el juego como un humano, sino que reciben «patrones de estimulación eléctrica». Aunque su desempeño actual es comparado con el de un principiante absoluto, la relevancia reside en su capacidad de aprendizaje dinámico frente al error.
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Este salto cualitativo se logró en menos de una semana, una velocidad sorprendente comparada con los 18 meses que demandó el primer experimento. El avance demuestra que se ha resuelto el problema crítico de la interfaz: la comunicación fluida entre el tejido biológico y el software informático. «Mientras las matan, las neuronas están aprendiendo, tal como lo haría un animal ante una tarea nueva», destacó Kagan.
Más allá del entretenimiento, esta integración de neuronas activas con sistemas digitales abre puertas inéditas en la neurociencia. Instituciones como la Universidad de Milán ya colaboran en proyectos para estudiar la plasticidad neural y los mecanismos de aprendizaje humano. Esta tecnología promete revolucionar la investigación de enfermedades neuromusculares y el desarrollo de nuevas formas de inteligencia artificial híbrida.
Con información de DW.


