Miles de manifestantes salieron nuevamente a las calles de Tiflis, la capital de Georgia, este lunes para expresar su rechazo a la decisión del partido oficialista Sueño Georgiano de aplazar las negociaciones de adhesión a la Unión Europea hasta 2028. Por quinto día consecutivo, la movilización enfrentó una dura represión policial, incluyendo el uso de cañones de agua.
El primer ministro, Irakli Kobakhidze, descartó cualquier diálogo con la oposición y calificó las protestas como «financiadas desde el extranjero». Además, arremetió contra los países occidentales por criticar el uso excesivo de la fuerza policial y no condenar lo que describió como «violencia organizada» durante las marchas.
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En paralelo, las manifestaciones se extendieron a otras ciudades importantes como Batumi, Gori, Poti y Kutaisi, donde incluso se atacaron sedes del partido gobernante. «No habrá revolución en Georgia», afirmó Kobakhidze, reiterando la postura de su gobierno.
La presidenta Salomé Zurabishvili, crítica del oficialismo, respaldó a los manifestantes en su lucha por una Georgia proeuropea. «La determinación en las calles no da muestras de parar», declaró, subrayando el compromiso del pueblo con la Constitución, que contempla la integración al bloque europeo como objetivo.
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El partido Sueño Georgiano, que gobierna desde 2012, enfrenta acusaciones de autoritarismo y de favorecer intereses prorrusos. La crisis política se agravó tras las elecciones legislativas del 26 de octubre, cuyos resultados son cuestionados por la oposición y sectores prooccidentales del país.
Fuente: RFI.
Imagen: Giorgi Arjevanidze/AFP.


