El nuevo visitante interestelar 3I/ATLAS, analizado por astrónomos de todo el mundo, resultó ser un cometa natural con una composición única. Su paso fugaz por el Sistema Solar ofrece pistas sobre sistemas planetarios más antiguos que el nuestro.
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El asombro cósmico volvió a desatarse con la llegada de 3I/ATLAS, el tercer objeto interestelar jamás detectado por la humanidad. Descubierto en julio, el cometa despertó teorías de todo tipo —desde sondas alienígenas hasta mensajes luminosos—, pero las observaciones más recientes confirmaron su naturaleza: se trata de un cometa natural, formado hace unos siete mil millones de años en un sistema estelar remoto.
De acuerdo con el Laboratorio Nacional de Astronomía Óptica-Infrarroja (NOIRLab), su estructura, brillo y composición encajan dentro de los parámetros esperables para un cometa, aunque posee rasgos únicos. Se desplaza a 60 kilómetros por segundo y sigue una trayectoria hiperbólica, lo que significa que no orbita el Sol: lo rodea una sola vez y se aleja para siempre.
Las primeras teorías conspirativas fueron impulsadas por las variaciones en su brillo, que algunos interpretaron como señales de inteligencia artificial. Sin embargo, los astrónomos explicaron que se trataba de un fenómeno natural: los gases y hielos del cometa —como agua, metano y amoníaco— se subliman al recibir calor solar, generando chorros que modifican su luminosidad y color.
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Incluso el polémico astrofísico Avi Loeb, de la Universidad de Harvard, sugirió que podría ser una sonda extraterrestre. Pero su hipótesis fue refutada por investigadores como Qicheng Zhang (Observatorio Lowell) y Jason T. Wright (Universidad Estatal de Pensilvania), quienes aseguraron que los datos del NOIRLab y del Very Large Telescope (VLT) confirman su composición orgánica y natural.
Los estudios espectroscópicos detectaron cianuro de hidrógeno, monóxido de carbono, agua y metano, las mismas moléculas presentes en los cometas del sistema solar interior. Esto demuestra que los procesos de formación planetaria son universales, incluso entre estrellas lejanas.
El interés científico por 3I/ATLAS va mucho más allá del debate sobre su origen. Su observación ofrece una oportunidad única para analizar la materia primordial que dio forma a los planetas. A medida que se aproxima a la Tierra, sondas y telescopios de todo el mundo intentan capturar imágenes antes de que desaparezca para siempre del firmamento.
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Cuando el cometa alcance su punto más cercano a la Tierra en diciembre, los astrónomos seguirán cada detalle de su estela de gas y polvo. Los datos obtenidos servirán para comprender mejor cómo nacen los sistemas planetarios y si los materiales que formaron la Tierra son comunes o excepcionales en la galaxia.
En un mundo donde las redes sociales multiplican las teorías sin sustento, 3I/ATLAS devuelve el protagonismo a la evidencia científica. Su historia demuestra que lo más asombroso del universo no es lo inexplicable, sino la capacidad de la ciencia para explicarlo.
Fuente: Infobae
Foto: Archivo


