Un equipo de investigadores logró construir el primer mapa detallado del sistema olfativo, un avance que cambia la forma en que la ciencia comprende este sentido. El hallazgo revela que los más de mil tipos de receptores de olor en la nariz no están distribuidos al azar, sino organizados de manera precisa.
El estudio, publicado en la revista Cell, se basó en el análisis de más de cinco millones de neuronas olfativas de ratones. A partir de ese trabajo, los científicos pudieron identificar cómo se ubican los distintos receptores dentro de la nariz.
Según explicó Sandeep Datta, investigador del Instituto Blavatnik de la Facultad de Medicina de Harvard, este descubrimiento “aporta orden a un sistema que anteriormente se pensaba que carecía de él”. Hasta ahora, el olfato era el único sentido sin un mapa claro de funcionamiento.
Olfactory receptors in the mouse nose have been mapped out in unprecedented detail — overturning researchers’ understanding of how noses build a sense of smellhttps://t.co/37dyUBFnJp
— nature (@Nature) April 28, 2026
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Los resultados muestran que las neuronas se organizan en franjas horizontales según el tipo de receptor que expresan. Este patrón se repite de manera consistente y además coincide con la forma en que el cerebro procesa la información olfativa en el bulbo olfativo.
El estudio también identificó un factor clave en esta organización: el ácido retinoico. Esta molécula actúa como guía para que cada neurona desarrolle el receptor adecuado en función de su ubicación dentro de la nariz.
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Los científicos destacaron que este avance permite comprender mejor cómo el cuerpo traduce los olores en señales cerebrales. Además, abre nuevas líneas de investigación sobre el desarrollo del sistema olfativo y su relación con otros sentidos.
En paralelo, el equipo comenzó a estudiar si este mismo patrón se replica en humanos, lo que podría tener implicancias directas en el campo médico y neurológico.
El objetivo final es desarrollar tratamientos más eficaces para la pérdida del olfato, una condición que puede afectar no solo la percepción de olores, sino también el bienestar emocional y la calidad de vida.
Con información de DW.


