Por HerreHache
El PJ dejó a atrás una semana que de seguir así lo conduce al imaginario pueblo de la inigualable Cien Años de Soledad. La derrota legislativa, la amenaza de Othar y la sana costumbre de la impunidad. La camioneta que nadie quiso ver.
«Cuando alguien se sienta a tu mesa y habla de moral, de honestidad y de ética, cuando se va hay que contar los cubiertos”. A menudo, el expresidente Carlos Menem utilizaba esta frase como una ironía política para referirse a las personas que alardean de su rectitud. Nada mejor para describir en palabras lo que se vio y escuchó en la sesión de la Legislatura del pasado jueves que dejó como resultado político al gobernador Ignacio “Nacho” Torres como un claro ganador. No en beneficio propio sino en el de la comunidad de Chubut toda. Y cuando decimos toda, es porque es toda. De sus cuatro puntos cardinales.
Con la aprobación de la ley sobre el convenio por los bienes de YPF, pasando por la modificación relacionada con la reelección de los intendentes y con otro tema que quizá no hizo demasiado ruido, pero al que hay que darle la importancia que se merece: la aprobación de las leyes para incentivar la construcción, generar empleo local y brindar beneficios fiscales. Esto es gobernar para el conjunto, sin regionalismos estúpidos.
Pero volviendo a la icónica frase del expresidente, se pueden empezar a contar los cubiertos cuando vuelven a retumbar en los oídos las palabras de moral, ética y honestidad que el diputado provincial Gustavo Fita (también presidente del PJ a los empujones) pronunció cuando se hizo escuchar desde la banca que tan generosamente le otorgó el pueblo de Chubut. Fita dijo que es “un perseguido político” y también hizo uso de algunos delirios místicos al expresar que “todo se arregla con la pauta oficial, que no hay una política de seguridad” y amenazó con hacer varios “pedidos de informes sobre ciertas acciones del gobierno”.
MIRÁ TAMBIÉN: La pelea de los piratas
Lo de la persecución política no es otra cosa que los desaguisados y desafíos a la justicia que viene realizando junto a su hijo Aaron quien no sólo se dedica a pegarle trompadas a los funcionarios municipales sino también a usar impunemente bienes que son del Estado y por ende de todos los ciudadanos de Chubut. Ya es público y notorio que el bueno de Aaron se subió a una de las flamantes camionetas de la Legislatura y tomó por un camino alternativo de la ciudad petrolera. El vehículo no tenía las patentes colocadas, y además desoyó la primera alerta de la policía que debió pedir refuerzos.
El bueno de Aaron cometió varias torpezas, esas de las que suelen abundar cuando alguien siente que la impunidad lo protege. Y allí está la primera demostración de que Fita no debiera predicar con tanta facilidad sobre moral, ética y buenas costumbres. Llegó al lugar y no se enojó con su hijo sino con la policía y sacó su chapa de diputado para demostrar, una vez más que existen dos clases de ciudadanos. Lamentable.
Y hay que decir que no sólo no quedó en claro si el bueno de Aaron es empleado de la Legislatura y tampoco quedó en claro si los casi 200 empleados que tiene la casa de las leyes pueden usar las camionetas oficiales cuando se les antoje, sin patente y poniendo como excusa que se dirigían a una olla popular como lo hizo el bueno de Aaron. Pero no hay que preocuparse tanto: será nada más que una anécdota sobre la que nadie habló en la sesión del jueves poniendo de manifiesto que las corporaciones existen aún en los ámbitos más sagrados de la democracia. Vale la pena recordar una frase de Albert Einstein: «Si guardas silencio, serías culpable de complicidad».
MIRÁ TAMBIÉN: De politiquerías y politiqueros
Pero no fue lo único que se debió soportar casi con estoicismo en la sesión del jueves. También hubo que escuchar a diputados justicialistas pontificar sobre la alternancia del poder cuando se trató el tema de la reelección de los intendentes por más de dos períodos. Se puede estar de acuerdo o no con el tema porque a decir verdad la entronización en los cargos no resulta para nada saludable. Lo que causó mayor indignación es que varios diputados justicialistas (con Fita, Pais y Coliñir incluídos) no solo votaron en contra de la reforma de la ley en cuestión, sino que hicieron un culto de la alternancia. O nosotros vivimos en Narnia o los diputados justicialistas desconocen su historia y la de los conocidos “Barones del conurbano” que llevan hasta 32 años en el poder municipal y aportan en cada elección de la provincia de Buenos Aires su manejo de los aparatos con amenazas y aprietes a los empleados a quienes, sin ponerse colorados, les cambian el voto por el empleo. Patético. No hay dudas que de seguir así, el PJ de Chubut comenzó un largo e inevitable camino a Macondo, ese pueblo imaginario que García Márquez imaginó en su mágica obra Cien Años de Soledad donde conviven brujos, lluvias y pérdidas de memoria.
Y mientras el Plan Galina sigue adelante con obras de infraestructura, equipamiento para los hospitales, mejoramiento de rutas y todo un plan que mejorará sin dudas la vida de los chubutenses, los legisladores del PJ insistieron en continuar dividiendo la provincia en parcelas, dispuestos a seguir su lucha inclaudicable para que los bienes que YPF transfiere a la provincia pasen a manos de la Municipalidad, donde el bueno de Othar Macharashvili amenazó con llevar todo a la justicia, demorando la puesta en marcha de la cesión definitiva de edificios y tierras a sus verdaderos dueños: los habitantes de Comodoro Rivadavia. Dentro del plan del gobierno está traspasar la atención de pediatría y rehabilitación a lo que fuera la sede administrativa de la petrolera estatal, ubicada en el kilómetro 3 lo que traería una doble ventaja para los ciudadanos: evitar el engorroso camino hacia el Hospital Regional y, además, descentralizar su atención para hacerle más fácil la vida a quienes necesiten atención para sus hijos o para aquellos que necesiten rehabilitarse. Pero, no hay peor ciego que el que no quiere ver. Y peor sordo que el que no quiere oír. Por más que sea repetitivo es inevitable utilizar esta frase cuando algunos políticos no ven la realidad ni escuchan el viento.
Othar hizo reuniones por todos los costados, buscando apoyo para legalizar sus intenciones demagógicas. Siempre con su simpático sombrero tipo Far West lo que deja a la luz su simpatía por los tiempos en que las cosas se arreglaban de una manera poco ortodoxa en el lejano oeste estadounidense.
MIRÁ TAMBIÉN: El funcionario que dejó los dedos pegados
Por lo demás, todo lo que pasó en la sesión del jueves que fue tan intensa como se preveía, ya pasó por las letras de molde de los portales, por el incontrolable cristal de las redes donde todo se plasma según como se mire y por el boca a boca que a veces suele ser la más eficiente herramienta de divulgación.
El gobernador “Nacho” Torres logró, con más votos de los necesarios plasmar en leyes y reformas lo que consideró más beneficioso para los chubutenses. Varias visiones políticas sobre el comportamiento de algunos diputados quedarán para futuros análisis que es seguro llegarán cuando el mundial llegue a su fin con la esperanza que no le depare a la Selección Argentina otro sufrimiento que pareció interminable en el partido contra la Selección de Cabo Verde que, sin dudas, de verde no tiene nada.
Y también nos dejó una lejana frase en el tiempo, pero vigente en la realidad que más que una frase se convirtió en una verdad de culto: “Cuando alguien se sienta a tu mesa y habla de moral, de honestidad y de ética, cuando se va hay que contar los cubiertos”.
Menem lo hizo.
MIRÁ TAMBIÉN: Los socios del silencio
NADA SE PIERDE. La situación judicial de la contadora Natalia Foresio, oriunda de Puerto Madryn (donde reside parte de su familia y dirigentes políticos muy allegados) sigue deparando sorpresa. Como ya informó en reiteradas oportunidades Radio 3, en su programa de la primera mañana “Desayuno Informativo”, se encuentra detenida desde hace varios meses por ser la cabeza de una banda que se dedicaba a crear empresas fantasmas para ganar dinero a través de la obra pública en varias provincias (incluida Chubut), imprimir facturas apócrifas y lavar dinero. Una de esas empresas se llama Bakion S.R.L. y su dueño es Mario Spinelli, uno de los empresarios investigados. Spinelli y su familia con hinchas fanáticos de Estudiantes de La Plata, sede central de las estafas de Foresio. Como buen hincha, Spinelli compró dos palcos en el nuevo estadio “Uno” del “pincha” por un valor de 2 millones cada uno. Son los que llevan los números 307 y 426. La justicia detectó que ambos fueron comprados con dinero proveniente de las maniobras turbias investigadas y los embargó. Ahora, si Spinelli y familia quieren ir a la cancha a gritar por Estudiantes los espera la tribuna popular, no tan confortable, claro.
LA FRASE. “La moral es el conjunto de valores, costumbres y normas que determinan la conducta del hombre y que permiten establecer si un acto es bueno o malo; si para la vida en comunidad está bien o está mal” (Platón, filósofo griego).


