Detras del marketing turístico, de los cruceros, está la realidad de la feria callejera en Puerto Madryn. Nos adentramos en una charla con Patricia y Mariel, dos mujeres feriantes comprometidas con su comunidad. Desde la venta de ropa usada hasta la organización de ollas populares, su labor trasciende los límites de la economía informal para convertirse en un pilar fundamental para aquellos que más lo necesitan.
En esta entrevista, exploramos su visión sobre la situación actual, los desafíos que enfrentan y el compromiso que las impulsa a seguir adelante.
Patricia, ¿Cómo viene la venta de ropa usada?
«Hay días que se vende bien, hay fines de semana que no vende nada, pero bueno, es como todo. Y hay mucha gente, es muy mucha la cantidad de gente que está viniendo, que no se veía tanto».
¿Y desde hace cuántos años estás haciendo esta actividad vos?
«Y yo ahora retomé.»
¿Retomaste? ¿Habías abandonado? ¿Por qué motivo?
«Ya hace 13 años atrás empecé ahí donde estaba la prada de táxi en San Miguel cuando ya los pasaron para acá yo ya no venía y ahora hace un año más o menos que si vengo todos los fines de semana.»
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¿Y cómo ves la situación? ¿Le alcanza para comprar la ropa usada también?
«Sinceramente todo el mundo, todos nos quejamos que está caro, que no nos alcanza, mentira siempre buscándole la vuelta nos alcanza bien. No compras un montón de cosas pero lo necesario es comprar y la gente se decide entre comprar vestimenta o alimento y alimento generalmente es alimento y hay mucha gente que bueno según la familia la cantidad es ropa usada por ejemplo para la en noviembre y diciembre se vendió mucha ropa usada en marzo lo mismo para el tema de la escuela, busos, pantalones las mochilas, zapatillas todo se llevó de acá. Y esto, bueno, después de la pandemia, antes de la pandemia vendían cosas nuevas, pero después de la pandemia, quedamos mal, pero bueno, siempre saliendo para adelante, me propuse con esto y bueno, bien.»
¿Y ese pretendimiento te cuesta mantenerlo, sostenerlo o lo tenés que hacer sí o sí?
«Sí o sí, para seguir teniendo la salida que tenemos hoy por hoy.»
¿Vos solo trabajas de esto? ¿Tenés alguna ayuda?
«No, trabajo de esto y después soy referente de una organización que es popular, Darío Santillán. Tengo un merendero en el que la asistimos a más de 20 familias.»
Contame, ¿dónde lo tenés el merendero?
«En el barrio San Miguel. Funciona el día miércoles, damos la leche con pan casero que elaboran las compañeras, roperito, también entregamos ropa, zapatillas, las que vamos consiguiendo donaciones. Ahora vamos a hacer en conjunto también, queremos hacer la entrega de ropa para el invierno, también con otras organizaciones que dan moneda aquí y se da las ganas.»
Los protagonistas de la feria develan las carencias y necesidades de infraestructura que enfrentan a diario, desde calles sin pavimentar hasta la falta de instalaciones eléctricas seguras. Reclaman gestiones municipales que colaboren en su desarrollo y fortalecimiento. Mejoras en la infraestructura son urgentes para garantizar un entorno digno y seguro tanto para trabajadores como para clientes.
¿Cómo anda? ¿Bien? Bueno, cuénteme ¿Qué vende? ¿Qué nos puede ofrecer?
«Estamos vendiendo todo usado, todo usado, en calzado, en ropa.»
¿Y se vende?
«Hay días que sí, hay días que no, es según, es variado.»
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¿Y cómo le va a usted?
«Bien, tranquilo, progresivamente, queriendo salir adelante.» Sí, un poco convalesciente porque estoy operada yo. Y acá estoy, acá estoy firme.»

¿Trabajando?
«Con la ayuda de Dios, sí. Sí, sí. Quiero que esto, que de hecho es la ayuda que tenemos, aparte de nosotros los jubilados que somos los más perjudicados en todo esto Ya prácticamente el dinero no nos alcanza e incluso ahora no pagan ni cuota, no se si esta alterado Así que menos que menos».
Bueno, esta es una ayuda muy importante entonces.
«Si, muy importante, en realidad, si Mientras que nos podamos mover»
¿Y hace cuanto tiempo esta acá en la feria?
«Desde que comenzó la feria. Yo también pertenezco a un movimiento independiente social y tengo un merendero que se llama Todos por Ellos que está en el barrio Comercio 4, casa 151 por Martinelli.
Hay mucha gente con mucha necesidad de todo, de una taza, un colchón, una frazada…
«Estos días de lluvia era increíble y muy triste tener llamados a horas de la noche pidiendo frazadas, medias, abrigo, porque tenían frío, porque se le habían mojado las cosas, los colchones. O sea, estamos en una situación bastante triste, es una realidad triste. Yo la vivo más de adentro, por eso te la cuento. Yo la vivo a las necesidades de las personas muy, muy adentro. Yo recorro los barrios, visito los lugares donde están las personas muy necesitadas. Los barrios periféricos. He ayudado a la gente a levantarse, a cambiarlos. Hay gente muy, muy sola, muy depresiva, que vos le tenes que ayudar a levantarse, a campearse, a sacarle los colchones, las frazadas para afuera. La otra realidad es triste. Una chapa, un colchón, una frazada, un ladrillo, una bolsita o media bolsa de cemento.»
Bueno, hay muchos voluntarios también, ¿no?
«Sí, hay voluntarios. Aquellos que se quieran sumar, ahí están. Todo es bienvenido. Se pueden acercar. Bienvenidos, bienvenidos. Tenemos que las agrupaciones, las organizaciones tienen sus grupos de limpieza y donde viene la gente a cumplir es acá. Tenemos tres agrupaciones que vienen entre semana a limpiar.»
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Están en pleno, recién llegando, como donde sea, o sea que acá la actividad, actividad es después de las dos, ¿no, Mariel?
«Sí. De las dos de la tarde. Dos, tres.»
¿Y qué cantidad de feriantes hay? En los puestos?
«Sí, en los puestos. Tenemos entre 500 y un poquito más».
¿Son todos de Madryn? ¿Vienen de otros barrios?
«No, vienen de otros barrios, vienen de Trelew. Por ejemplo, esa es la señora que está con nosotros, ella viene de Trelew a trabajar y ella tiene su puesto en aquel sector de ropa usada. Tenemos dividido, los pasillos de los costados son todos de ropa nueva y en el centro de los pulmones todo ropa usada. Pero ahora se ha mezclado, ahora hay gente que viene que vende ropa nueva que cambia su rubro».
¿Has observado gente de afuera, de otras provincias que viene?
«Sí, vienen de aquí adentro, de Neuquén, de Mendoza, de Chile, que viven acá, que vienen de vacaciones, se enteran que hay una feria y vamos.»
¿Ustedes les permiten, les dan autorización?
«Por supuesto, siempre.»
¿Se cobra algún precio por el estar?
«No, no se cobra, al menos nosotros, la asociación civil no está cobrando nada, nosotros no cobramos, al revés. Ubicamos a la gente para que pueda trabajar en el día, porque hay gente que viene por el día, tenes que la gente que viene siempre que es como nosotros todos los fines de semana nos encontramos gente que viene cuando puede y hay gente que es gaviota le decimos la que viene, el mantero, la que te tira la manta donde puede y vende bien.
¿Hoy tenían pensado hacer o tienen pensado hacer una olla popular popular y desde hace cuánto bien haciendo?
«La olla popular acá en la feria la hacemos por segunda vez pero somos de hacer la olla popular en distintos barrios trabajamos en distintos barrios donde nos abren un lugar en la sede vecinal, en la casa de un vecino, no es nuevo pasa que hay mucha gente que viene a trabajar todo el día y no tiene plata o no tienen para comer. No van a comprar al sector de comida. Entonces hay que pasar de las 10 de la mañana hasta las 6 de la tarde, 6 y media que nos vamos.»


