La movilización popular contra la nueva dictadura y la represión que esta desató han ido creciendo de manera gradual este mes en Myanmar desde el golpe de Estado del 1 de febrero y hoy culminaron en una jornada sangrienta que sacudió al país y a parte del mundo con al menos 18 muertos, según datos de la ONU.
La represión militar de las protestas y los sectores de trabajadores movilizados en todo el país fue tan grande y sangrienta que desató el repudio inmediato y contundente de la Alta Comisionada de derechos humanos de la ONU, Michelle Bachelet, de Estados Unidos y de la Unión Europea (UE).
«Condenamos con fuerza la escalada de violencia contra manifestantes en Birmania (antiguo nombre de Myanmar) e instamos a los militares a cesar de inmediato de usar la fuerza contra manifestantes pacíficos», aseguró su vocera, Ravina Shamdasani, en un comunicado citado por la agencia de noticias Europa Press.

«Durante el día, en varios lugares de todo el país, las fuerzas policiales y militares actuaron contra manifestaciones pacíficas, usando una fuerza letal y no tan letal que, según información fidedigna recibida por la Oficina de Derechos Humanos de la ONU, dejó al menos 18 muertos y más de 30 heridos», agregó
Desde que el Ejército sacó los tanques a las calles y retomó el poder, apenas diez años después de haber iniciado una tímida transición democrática, las protestas pacíficas y los actos de desobediencia civil que reclaman la vuelta del Gobierno democrático y la liberación de sus dirigentes se multiplican en todo el territorio, en paralelo a una represión militar cada vez más fuerte y desenfrenada.
Se trata de la jornada más violenta y sangrienta desde el golpe de Estado del 1 de febrero. Las peores escenas hoy se vieron, una vez más en Yangón. «La policía comenzó a disparar desde que llegamos», contó a AFP Amy Kyaw, una maestra de 29 años que marchó junto con miles de personas para reclamar la vuelta del Gobierno democráticamente electo.
Hoy, Estados Unidos volvió a condenar la represión a las protestas pacíficas. «Tenemos el corazón partido tras la pérdida de tantas vidas humanas. Apuntar contra los civiles es algo horroroso», tuiteó la embajada norteamericana en el país mientras las escenas de represión a las protestas continuaban multiplicándose.
En un tono similar, se sumó el jefe de la diplomacia de la UE, Josep Borrell: «El uso de la violencia no otorgará legitimidad al derrocamiento ilegal de un gobierno elegido de forma democrática. Las autoridades militares deben detener inmediatamente el uso de la fuerza contra civiles y permitir que la población ejerza su derecho a la libertad de expresión y reunión.»
Borrell adelantó que el bloque «tomará en breve medidas en respuesta a estos eventos».


