La reciente llegada de la serie El Eternauta a la plataforma Netflix volvió a poner en escena la figura de Héctor Germán Oesterheld, el creador de la célebre historieta. Pero detrás de esa figura central, otra integrante de la familia dejó una huella profunda en el ámbito artístico y literario argentino: su hermana, Nelly “Chikie” Oesterheld, quien vivió gran parte de su vida en Trelew, donde también falleció en 2016.
Nelly nació en Buenos Aires en 1921, en una familia con un marcado amor por los libros. Ella misma recordaba que todos sus hermanos eran grandes lectores y que el ambiente familiar favorecía la imaginación y la expresión artística. A partir de los años ‘50, desarrolló una prolífica carrera como ilustradora y escritora de cuentos infantiles, particularmente en colaboración con Editorial Sigmar.
Entre sus trabajos más recordados se encuentran los cuentos de la serie Mis animalitos, textos breves y delicadamente ilustrados que marcaron a generaciones de lectores. En esa etapa también trabajó codo a codo con su hermano Héctor, aportando sus dibujos y sensibilidad artística a más de una decena de obras destinadas al público infantil.
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La vida llevó a Nelly hacia el sur del país, donde eligió establecerse en la ciudad de Trelew, Chubut. Allí compartió su vida con el periodista Manuel Porcel de Peralta y fue una figura muy querida por su entorno.
En Trelew, Nelly no solo encontró un hogar, sino también un espacio para seguir vinculada a la cultura. Participó en actividades artísticas locales, mantuvo lazos con la comunidad y siguió siendo una referente silenciosa del mundo editorial. Quienes la conocieron destacan su humildad, su calidez y su mirada aguda sobre el arte y la literatura.
El estreno de El Eternauta en Netflix no solo revive la historia de Juan Salvo y la invasión alienígena como una metáfora política, sino que también devuelve la atención sobre el universo creativo de la familia Oesterheld. Nelly, desde su trinchera artística, aportó belleza y ternura a la literatura infantil, un terreno menos expuesto pero fundamental.
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La historia familiar fue marcada por el dolor. Héctor fue desaparecido por la dictadura militar, al igual que sus cuatro hijas. Nelly sobrellevó esas ausencias con una entereza admirable. A diferencia del destino trágico de su hermano, ella logró vivir una vida larga, plena y activa en el sur del país, donde falleció a los 94 años.
Trelew fue el último escenario de su vida, pero también el lugar que adoptó como propio. Allí dejó una huella cultural que aún perdura en los relatos de quienes compartieron momentos con ella. Su casa, sus libros, su caligrafía meticulosa y su memoria forman parte del patrimonio afectivo de la ciudad.
Pese a que su obra no alcanzó la masividad de El Eternauta, la producción artística de Nelly Oesterheld merece ser revisitada. Sus cuentos, dibujos y colaboraciones siguen siendo una fuente de inspiración para nuevos artistas e ilustradores, especialmente del ámbito infantil.


