Investigaciones recientes revelan cómo los peces que habitan cuevas en México han suprimido el desarrollo ocular y potenciado otros sentidos y mecanismos metabólicos, ofreciendo pistas para la ciencia sobre obesidad y diabetes.
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En las profundidades de las cuevas mexicanas, los tetras cavernícolas han logrado una adaptación sorprendente: perder la vista para optimizar su supervivencia en completa oscuridad, a cambio de desarrollar sentidos y capacidades metabólicas excepcionales.
Según publicaciones de Knowable Magazine, los tetras presentan diferencias notables entre sus formas de superficie y las cavernícolas. Mientras los primeros lucen como peces comunes, los de cueva tienen piel pálida y carecen de ojos. La selección natural ha favorecido la eliminación activa de los órganos visuales, considerados “costosos” en términos de energía y recursos.
Jaya Krishnan, genetista de la Fundación de Investigación Médica de Oklahoma, destacó que “la pérdida de la vista no implica una merma general. Se han producido muchas mejoras en otros sentidos y funciones del pez cavernícola”.
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El proceso evolutivo de pérdida ocular comienza en todos los embriones de tetras, pero en los cavernícolas las células oculares mueren poco después, evitando el desarrollo completo del ojo. Experimentos de trasplante de cristalino han demostrado que este órgano es clave en la regulación del desarrollo ocular, evidenciando que la supresión del programa visual permite potenciar otras regiones cerebrales.
Los tetras cavernícolas han agudizado otros sentidos: detectan concentraciones muy bajas de aminoácidos, poseen más papilas gustativas y una mayor densidad de células sensoriales para percibir presión y flujo de agua. Las áreas cerebrales relacionadas con estos sentidos se expanden, compensando la pérdida de la visión.
La alimentación en las cuevas es limitada y consiste en restos orgánicos y heces de murciélago. Sin embargo, los peces presentan una notable capacidad para absorber y almacenar nutrientes. Genéticamente, portan mutaciones asociadas a obesidad y diabetes en humanos, pero no desarrollan enfermedades metabólicas pese a acumular grasa y altos niveles de azúcar en sangre.
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Estudios recientes han demostrado que los tetras cavernícolas producen menores cantidades de citocinas y especies reactivas de oxígeno, reduciendo la inflamación típica de la obesidad en otros animales. Además, la acumulación de carotenoides en su grasa podría contribuir a este efecto protector.
Los científicos Jaya Krishnan y Nicolas Rohner continúan investigando cómo estas adaptaciones podrían ofrecer claves para comprender enfermedades humanas y mecanismos de resistencia a la inflamación y a periodos de escasez o exceso de alimento.
Fuente y foto: Infobae


