Foto: TyC Sports.
Se trata de Carlos Leeb, cuya vida dio un giro drástico desde que quedó sin club tras su última experiencia en Bolivia.
La vida de Carlos «Gato» Leeb dio un giro drástico desde que quedó sin club tras su última experiencia en Bolivia. El exdelantero, ícono de Chacarita y Banfield, contó que hoy intenta reconstruirse en un escenario sin ingresos y en medio de tensiones familiares: convive con su esposa, pero están distanciados. En el repaso de su trayectoria, también recordó su paso como entrenador en 2008 por Racing de Trelew, etapa que valoró por la oportunidad que le dio el fútbol patagónico.
Durante su carrera como futbolista, las lesiones limitaron sus posibilidades de ahorro y marcaron su recorrido. Tuvo un breve paso por Estudiantes, y recién en el Ascenso logró continuidad. Su nombre quedó ligado a San Martín y, especialmente, a Banfield, donde fue parte del ascenso del 2001 y se metió para siempre en la historia del club.
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Cuando se retiró, apostó por dirigir en el exterior porque sintió que en la Argentina no tenía puertas abiertas. Aseguró que una disputa dirigencial lo empujó a emigrar y que, con el tiempo, percibió señales de que no sería considerado por la estructura del fútbol local. Dirigió en varias ligas, incluida Bolivia —donde salió campeón y hasta fue mencionado como posible DT de la selección—, además de su experiencia en Irán.
Los conflictos tampoco le fueron ajenos afuera del país. Leeb recordó que dejó un proyecto en Bolivia por la intromisión de un mánager y que su salida en Irán se dio tras un enfrentamiento con el dueño del club. Dijo que nunca permitió condicionamientos en su trabajo y que esa postura, a veces, le generó consecuencias.
Sus problemas económicos actuales derivan, según contó, de malas decisiones, inversiones fallidas y estafas que lo dejaron sin respaldo. Aclaró que rechazó colectas de hinchas y que solo necesita una oportunidad laboral, incluso fuera del fútbol, para recuperar estabilidad. También habló de una depresión que atravesó a fines de los ‘90 tras el fracaso de una panadería que había montado.
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A los 57 años, lo que más lo inquieta es su relación matrimonial: comparte la casa con su esposa, pero casi no se hablan, situación que afecta a toda la familia. “Es difícil porque los chicos escuchan y mis nietos ya entienden que los abuelos no se hablan. Me encantaría reconquistarla, pero si consigo laburo me voy, porque va a ser mejor para todos”, expresó.
En un pedido final, Leeb fue contundente: “Necesito laburo. No tiene que estar relacionado al fútbol. Agarro lo que sea. Hice carrera afuera, desaparecí 16 años del fútbol de acá… y tengo que trabajar”.
Fuente: TyC Sports.


