Mientras crece la preocupación por la adicción digital, un grupo de usuarios intensivos cuestiona ese concepto y defiende su vínculo constante con la tecnología.
En medio del debate global sobre el impacto de las redes sociales y el uso excesivo de dispositivos, emerge un perfil cada vez más visible: personas que pasan hasta 18 horas diarias frente a pantallas y no consideran que se trate de un problema. Lejos de reducir su exposición, sostienen que su estilo de vida responde a necesidades laborales, sociales y personales.
Uno de los casos es el de Morgan Dreiss, quien asegura que su rutina está marcada por el uso continuo del celular y otros dispositivos. “Estoy leyendo un libro o jugando a un juego prácticamente desde que me despierto hasta que me acuesto”, explicó. Su situación refleja una tendencia en la que el entretenimiento, el trabajo y la comunicación convergen en un mismo espacio digital.
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Este fenómeno, al que algunos denominan “screenmaxxing”, se produce en paralelo a investigaciones que advierten sobre riesgos para la salud mental y cognitiva. Incluso compañías como Meta y plataformas como YouTube han sido cuestionadas judicialmente por el diseño de funciones que incentivan el uso prolongado.
Sin embargo, otros usuarios defienden el rol positivo de la tecnología. Es el caso de Corina Díaz, quien trabaja en marketing digital y vive en una zona aislada. Para ella, la pantalla es una herramienta clave de conexión. “Siempre he sentido que las pantallas… me conectan con las cosas que me importan”, afirmó, destacando su utilidad para sostener vínculos y acceder a comunidades específicas.
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En una línea similar, el programador Daniel Ríos explica que su vida social se sostiene principalmente a través de plataformas digitales. Sin un entorno urbano cercano, su rutina combina trabajo, entretenimiento y comunicación en línea. “Cuando no estoy trabajando con la computadora, estoy jugando o viendo la tele”, describió, relativizando la necesidad de reducir el tiempo frente a dispositivos.
El debate también alcanza a especialistas y comunicadores. La periodista Taylor Lorenz ha señalado que algunos usuarios no buscan limitar su exposición, sino integrarla aún más en su vida cotidiana. Para este grupo, el problema no es la cantidad de horas, sino el uso que se hace de ese tiempo.
Aun así, persisten advertencias sobre los efectos a largo plazo. Algunos expertos señalan que el foco no debería estar únicamente en el tiempo de uso, sino en factores como el aislamiento social, el estrés laboral o la calidad del contenido consumido. En ese marco, los llamados “screenmaxxers” plantean que la tecnología no es el problema en sí, sino un reflejo de dinámicas más profundas de la sociedad actual.
Con información de WIRED.


