El hallazgo de Khankhuuluu mongoliensis, un tiranosaurio esbelto de 4,5 metros, completa una parte clave del árbol genealógico que llevó al surgimiento del Tyrannosaurus rex.
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Un nuevo capítulo en la historia evolutiva de los tiranosaurios acaba de ser revelado con el descubrimiento de Khankhuuluu mongoliensis, un dinosaurio carnívoro de tamaño mediano que habitó Mongolia hace 86 millones de años. Con 4,5 metros de largo y rasgos que recuerdan a un T. rex juvenil, este depredador completa un eslabón crucial en la evolución del Tyrannosaurus rex, el más icónico de los dinosaurios.
El estudio, publicado en junio de 2025 en la revista Nature, se basa en dos esqueletos parciales hallados en la década de 1970 y recientemente reexaminados por paleontólogos como Jared Voris y Darla Zelenitsky. Los fósiles, que permanecieron durante medio siglo sin clasificar correctamente, presentan rasgos únicos, como cavidades de aire en el hueso nasal, que no se observan en ninguna otra especie conocida de tiranosaurio.
Khankhuuluu mongoliensis no solo amplía el catálogo de dinosaurios del Cretácico, sino que ofrece una visión detallada sobre cómo los pequeños tiranosaurios asiáticos migraron hacia América del Norte, evolucionando luego en gigantes como el T. rex. Según el análisis filogenético, este “príncipe dragón” está estrechamente emparentado con especies como Gorgosaurus, Alioramus y el propio T. rex.
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Durante el Cretácico, los tiranosaurios no siguieron una evolución lineal. Se diversificaron rápidamente en Asia y América del Norte, adaptándose a diferentes nichos ecológicos. Algunos permanecieron esbeltos, mientras que otros desarrollaron mandíbulas más poderosas para triturar huesos. El nuevo estudio sostiene que al menos un linaje regresó desde Norteamérica a Asia y volvió a cruzar el puente terrestre hace unos 70 millones de años, dando origen al Tyrannosaurus rex.
“El T. rex es el resultado de una compleja historia de migraciones y adaptaciones”, explicó Cassius Morrison, paleontólogo del University College de Londres. “Este descubrimiento nos ayuda a comprender que la evolución de los grandes depredadores no fue lineal, sino un verdadero ir y venir entre continentes”.
Si el asteroide que impactó la Tierra hace 66 millones de años no hubiera puesto fin al Cretácico, los tiranosaurios habrían seguido evolucionando. Hoy, gracias a fósiles como Khankhuuluu, los científicos pueden reconstruir esa historia fragmentada y descubrir cómo surgieron los mayores depredadores terrestres que han existido.
Fuente y foto: National Geographic


