El fuego arrasa nuevamente la provincia de Corrientes, con 94.167 hectáreas quemadas. Un estudio del Conicet había advertido sobre este escenario, vinculado a las condiciones climáticas extremas.
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Corrientes enfrenta un verano con incendios que, al igual que en 2022, están arrasando varias de sus regiones. Hasta el 8 de febrero, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta) reportó que ya se habían quemado 94.167 hectáreas, afectando principalmente los departamentos de Curuzú Cuatiá, Mercedes, Paso de los Libres y San Martín, en el centro y sur de la provincia.
Un estudio realizado por científicos del Conicet, específicamente del Centro de Ecología Aplicada del Litoral (Cecoal), había anticipado esta situación. La investigación, publicada en febrero de 2024, advirtió que la sequía provocada por el fenómeno de La Niña, combinada con las altas temperaturas, fuertes vientos y la quema descontrolada de áreas ganaderas, expondría a la provincia a episodios de incendios severos.
Ignacio Contreras y Martín Kowalewski, responsables de la investigación, destacaron la importancia de contar con una alerta temprana para mitigar estos riesgos, especialmente en los primeros meses de 2025. En el informe también se subrayó la necesidad de políticas de gestión-acción para evitar los incendios.
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El investigador Contreras explicó que, aunque el año pasado hubo lluvias superiores a lo normal que ayudaron a recargar algunos humedales, el regreso de La Niña este año ha vuelto a generar condiciones extremadamente secas. La provincia enfrenta temperaturas muy altas y una baja humedad, lo que dificulta la formación de nubes y, por ende, de lluvias que puedan sofocar los incendios.
Además, Contreras alertó sobre el fenómeno de las “tormentas sin lluvias”, que están contribuyendo a la propagación de los focos ígneos. Las ráfagas de viento están dispersando el fuego, y las precipitaciones que antes ayudaban a apagar las llamas ahora son apenas nubes pasajeras.
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En este contexto, el uso del fuego para limpiar terrenos y renovar pastizales, una práctica habitual en la provincia, se ha vuelto aún más peligroso. La falta de lluvias y la presencia de olas de calor han convertido el suelo en un «ladrillo refractario», lo que hace que las llamas sean más difíciles de apagar y la situación más devastadora.
Por último, Contreras destacó que este año se están quemando áreas que antes no eran afectadas por los incendios, como los humedales y los pastizales, una tendencia que se repitió durante el verano de 2022. Esta evolución de los incendios pone en evidencia la urgencia de adoptar medidas preventivas más eficaces.
Fuente: TN
Foto: Archivo


