Tres hombres irrumpieron durante la madrugada en la vivienda de Nicole Soalala, en las afueras de Toliara, Madagascar, y secuestraron a su hija Landricia, una niña de 18 meses con albinismo. Días después, el cuerpo de la menor fue encontrado en la casa de un curandero y su cabeza apareció dentro de una maleta, a dos kilómetros del lugar del rapto.
El caso forma parte de una ola de violencia que dejó 13 personas con albinismo asesinadas en Madagascar durante 2026, todas decapitadas, según una investigación de The Guardian. La organización Albinos Madagascar informó que diez de las víctimas eran menores de entre nueve meses y 14 años, por lo que este año se convirtió en el de mayor cantidad de crímenes registrados contra esta comunidad.
El albinismo es una condición genética hereditaria que reduce la producción de melanina en la piel, el cabello y los ojos. En Madagascar, distintas supersticiones sostienen que partes del cuerpo de las personas con esta condición pueden utilizarse en preparados asociados con la riqueza y la buena fortuna, mientras que los niños son considerados especialmente vulnerables por creencias vinculadas con su inocencia.
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“La situación es muy crítica, muy cruel”, afirmó Fulgence Soja, presidente de Albinos Madagascar. Las organizaciones y organismos internacionales también advierten sobre la existencia de redes criminales en las que pueden participar familiares, vecinos e intermediarios. Una experta independiente de la ONU señaló que en numerosos casos son detenidos intermediarios, mientras que los principales responsables permanecen impunes.
La violencia también se relaciona con la pobreza y la inestabilidad que atraviesa el país. Según el informe citado, alrededor del 80% de la población vive con menos de 2,15 dólares diarios, mientras las sequías, inundaciones y ciclones afectan los cultivos y profundizan la inseguridad alimentaria. Además, Madagascar atraviesa un gobierno de transición desde 2025, tras las protestas que provocaron la salida del entonces presidente Andry Rajoelina.
Los ataques, que anteriormente se concentraban principalmente en zonas rurales empobrecidas, también se extendieron hacia ciudades del sureste, oeste y norte del país. Odette, una joven de 20 años con albinismo, contó que vive con miedo desde que su primo Marcellin, de 14 años, fue decapitado en febrero. Frente a esta situación, organizaciones de derechos humanos reclaman un plan nacional que incluya seguridad, educación, salud, un censo de personas con albinismo y campañas para combatir las supersticiones.


