El DLE incluye algunas palabras que no pertenecen a la norma culta, pero que forman parte del uso popular del idioma.
Aunque suenen mal o parezcan errores, palabras como almóndiga, toballa, murciégalo o asín están registradas en el Diccionario de la Lengua Española. Y no, eso no significa que estén “aceptadas” en el lenguaje culto.
El DLE es un diccionario de uso, lo que quiere decir que su objetivo es reflejar cómo se habla en distintas regiones, niveles y épocas. Por eso, incluye no solo palabras nuevas como pósnet, sérum o rapear, sino también vulgarismos históricos que siguen apareciendo en algunas zonas.
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Según la Real Academia Española, la inclusión se basa en el uso: si una palabra aparece con frecuencia en bancos de datos como el CORPES XXI, puede ser incorporada. Eso no significa que sea correcta desde el punto de vista normativo.
Por ejemplo, almóndiga figura como un vulgarismo en desuso. La RAE aclara que no es una forma válida en el habla culta, aunque fue incluida desde la primera edición del diccionario, en 1726. Lo mismo pasa con murciégalo, que llegó a ser preferida antes de caer en desuso.
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En cambio, voces como cocreta o fragoneta no están incluidas, porque no han alcanzado el nivel de documentación necesario o nunca fueron parte de la lengua culta.
También hay palabras nuevas que todavía esperan su turno. Juernes o brillibrilli, muy populares en redes, no están en el diccionario porque no se consideran lo suficientemente extendidas.
Por eso, estar en el DLE no es sinónimo de corrección. Las abreviaturas vulg. (vulgar) o coloq. (coloquial) advierten sobre el nivel de lengua al que pertenecen. Así, el diccionario cumple su función: registrar cómo hablamos, aunque no siempre sea “correcto”.
Con información de BBC.
Foto: Pexels/Cree Payton.


